¿Cuál es el verdadero costo de equivocarse en la alta dirección?
Imagina que una empresa contrata a un ejecutivo clave con grandes expectativas. Los primeros meses parecen normales, pero poco a poco empiezan a surgir señales de alerta. Los proyectos estratégicos se ralentizan, los equipos pierden foco y la comunicación se rompe. Los clientes, que antes confiaban, empiezan a notar cambios y a preguntarse qué está pasando.
Esto no es un escenario ficticio: según Marcela León, socia de Amrop Perú, estas situaciones se ven más seguido de lo que pensamos. Y la clave está en entender que la contratación de un líder no es solo un proceso de recursos humanos; es una decisión estratégica que afecta toda la organización.
El costo invisible que nadie mide
Cuando se habla del costo de un error ejecutivo, la primera imagen que viene a la mente suele ser dinero: honorarios de búsqueda, tiempo de reemplazo, gastos administrativos. Pero, como señala Marcela, esto es apenas la punta del iceberg.
Lo que realmente se pierde es mucho más profundo: criterio estratégico, conocimiento del negocio, relaciones clave y la capacidad de ejecutar decisiones con coherencia. Estos impactos no aparecen en los balances, pero se sienten en la forma en que la organización deja de avanzar, en cómo los equipos se desmotivan y en oportunidades que nunca se concretan. Cada decisión equivocada deja una huella silenciosa que puede costar mucho más de lo que parece.
Cuando el impacto se siente dentro y fuera
Un ejecutivo que no cumple con lo esperado no solo afecta a su equipo. Los proyectos pierden dirección, las decisiones se toman a ciegas y los colaboradores empiezan a dudar. Al mismo tiempo, los clientes y stakeholders perciben señales de inestabilidad. La reputación, construida con años de esfuerzo, puede verse afectada en semanas.
Marcela León explica que todo esto funciona como un efecto dominó: nada ocurre de manera aislada, y cada pequeño fallo se amplifica. Lo que parece un problema de un área se convierte en un riesgo que puede sentirse en toda la organización.
Por qué un error en la alta dirección puede costar millones
En la alta dirección, los errores no son lineales. Un ejecutivo tarda entre seis meses y un año en ser plenamente efectivo. Si el ajuste no es el correcto, la organización pierde tiempo crítico y no solo eso: también se pierde conocimiento tácito, redes internas y relaciones estratégicas que no se recuperan de inmediato.
Marcela León calcula que, sumando productividad perdida, riesgos operativos, deterioro del equipo y oportunidades no aprovechadas, el impacto de una mala contratación puede acercarse a cuatro veces el salario anual del rol. Y más allá del número, lo importante es comprender cómo esta decisión puede cambiar la historia de la empresa.
Seleccionar al ejecutivo adecuado no es un lujo ni un detalle menor. Es una decisión estratégica que protege y potencia el valor de la organización. Ignorar esta realidad no elimina el riesgo; solo lo posterga.
La visión de Marcela León es clara: en la alta dirección, cada decisión de talento cuenta. Subestimarla puede costar mucho más de lo que se ve a simple vista. Invertir tiempo, cuidado y rigor en elegir a los líderes adecuados es la forma más segura de garantizar continuidad, estabilidad y éxito en la organización.
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